11/22/09

«¿Para qué quieren elegir un presidente?, ¿para que lo quite el ejército?»

Ruben Pascual
Gara

El viernes se cumplieron dos meses desde que el presidente legítimo de Honduras, José Manuel Zelaya Rosales, se refugiara en la Embajada brasileña tras su sorpresivo regreso al país. En una entrevista con el periodista Arturo Cano («La Jornada») valora los entresijos de la situación actual.

«¿Cuánto tiempo le da usted al próximo presidente de Honduras? ¿No le parece una burla que llamen a elecciones para que las Fuerzas Armadas lo quiten cuando quieran?». Dos meses después de regresar a Tegucigalpa y cuando resta algo más de una semana para la fecha de las elecciones, las palabras del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, parecen haber asumido que los comicios se llevarán cabo sin su restitución en el cargo.

Sin embargo, no es el único cambio que se desprende de la entrevista que concedida por el mandatario hondureño al diario mexicano «La Jornada». La doble moral empleada por Washington ha terminado por cansar al mismo Zelaya, que no duda en acusar al presidente Barack Obama de «cambiar su postura y fortalecer la dictadura».

El portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Ian Kelly, asegura que «no hemos cambiado nuestra política». «Aún tenemos a altos responsables involucrados intentado no que ambas partes se pongan de acuerdo, sino que implementen lo que ya se acordó», asegura.

Zelaya, que deja entrever una sonrisa, contesta a Kelly que «habíamos hecho un acuerdo de que las elecciones se iban a dar de forma pacífica, en forma concertada, con un acuerdo político, que se implementara y se ejecutara». Tras una pausa, concluye que «el acuerdo no se ha implementado, que venció el 5 de noviembre, que venció porque ellos cambiaron su posición».

«El senador [James] De Mint (republicano) dijo que habían hecho un trato, republicanos y demócratas, para reconocer las elecciones, con o sin mi restitución», recuerda el depuesto mandatario hondureño. «Después, la Administración Obama repitió lo mismo. Nos dejaron a la mitad del camino, en medio de la corriente; han debilitado, han dividido a la opinión pública internacional. Además, desacataron las resoluciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y desconocieron el espíritu del acuerdo que se firmó», insiste.

«El acuerdo tiene 12 puntos, pero es uno solo, integral y global: si uno de los puntos no se cumple el acuerdo no tiene validez, porque no hemos firmado doce acuerdos», sentencia desde la Embajada de Brasil.

En este sentido, recuerda a la Casa Blanca algo que parecen haber olvidado, precisamente que «yo soy el presidente de los hondureños» y, por tanto, «apoyar una actividad [las elecciones del próximo día 29 de noviembre] de un Gobierno ilícito que dio un golpe de Estado es violentar el acuerdo». Por ello, Zelaya considera que EEUU tendrá que «responder ante el derecho internacional».

El periodista pregunta a Zelaya que opina de sobre la interpretación que hicieron muchos medios de la carta enviada a Obama. Los medios de comunicación acusaban al mandatario hondureño de haber renunciado -mediante una epístola en la que sólo reprochaba a EEUU su cambio de actitud- a toda posibilidad de restitución en el cargo.

El presidente legítimo responde de manera concluyente: «las personas que saben leer no pueden expresarse así». «Fui totalmente claro y enfático: yo no acepto acuerdos para legitimar golpes de Estado. El acuerdo que me están proponiendo es que Micheletti dirija el Gobierno de unidad», explica, pero acto seguido puntualiza que «eso es un golpe de Estado más».

«Eso es lo que he dicho en la carta. Ahí nadie habla de renuncia, nadie habla de restitución, sino lo que dije fue que no acepto el acuerdo de retorno a la Presidencia para legitimar un golpe de Estado», aclara.

Elecciones

Visto lo visto, y salvo un cambio mayúsculo en la actual situación, parece inevitable que Honduras celebre unos comicios en medio de una gran convulsión.

Manteniendo su postura inicial, Zelaya reitera ante Cano su llamamiento a todos los candidatos para que se retiren del proceso electoral. «He instado a impugnar este proceso por ilegal, y por el futuro de nuestros hijos», señala.

«Estoy tratando que la conciencia del pueblo no se preste a legitimar un golpe de Estado. Las elecciones son para elegir presidente. ¿Lo elige el pueblo o las Fuerzas Armadas? ¿Para qué quieren elegir un presidente, para que lo quiten las Fuerzas Armadas? ¿Cuánto tiempo le da usted al próximo presidente? ¿No le parece una burla? Llamar a elecciones para que lo quiten las Fuerzas Armadas, si al anterior lo quitaron cuando se les ocurrió. Claro, las Fuerzas Armadas fueron el instrumento, no planificaron ni financiaron el golpe. Revertir el golpe antes de las elecciones era necesario para garantizar el respeto a la soberanía popular. ¿Qué sentido tiene llamar al pueblo para que decida si ellos son los que deciden? Es una burla. El que participe en una farsa como ésta, significa que es un instrumento para prestarse a que este país siga siendo manoseado por quien quiera. Y yo no participo en farsas ni en fraudes de esta naturaleza», apunta.

En ese sentido, insiste en que quería retornar al poder para llegar a las elecciones en democracia, libertad y con igualdad de oportunidades de participación. Pero se lamenta de que «aquí se aplica la política de las tres `pes', que es conocida en la historia de los golpes de Estado: palo y plomo para los enemigos, y plata para los amigos».

Por último, el periodista hace referencia a algunos de los líderes de la resistencia, quienes se preguntan por qué se firmó un acuerdo que ha prestado tantas escapatorias al Ejecutivo usurpador.

Por su parte, el presidente constitucional de la República hondureña defiende su actuación, alegando que «si yo en ese documento pusiera todo lo que quiero decir de los golpistas, o ellos todo lo que tienen que decir, el documento no se firma».

El texto suscrito estaba basado en el Acuerdo de San José -redactado por el presidente costarricense, Óscar Arias, que actuó de mediador- y, entre otras cuestiones, puntualizaba que debía ser el Congreso quien decidiera si restituir o no a Zelaya. Sin embargo, la Cámara aún no se ha pronunciado.

Micheletti deja el poder unos días y Zelaya le pide que sea para siempre

El mandatario usurpador de Honduras, Roberto Micheletti, anunció ayer que dejará el ejercicio del poder durante unos días para permitir un espacio de «reflexión» ante las próximas elecciones, pero el mandatario legítimo, Manuel Zelaya, le pidió que lo haga «para siempre».

Micheletti no precisó quién encabezará el Gobierno de facto en su ausencia, pero subrayó que según la Constitución el «Gobierno operará de manera normal».

«Mi propósito, con esta medida, es que la atención de todos los hondureños y hondureñas esté concentrada en el proceso electoral y no en la crisis política» provocada tras el golpe de Estado.

Micheletti explicó que decide ausentarse porque cree prudente abrir un plazo de reflexión para que los hondureños ponderen la importancia del sufragio y la responsabilidad de elegir a nuestro próximo Gobierno.

Zelaya reaccionó señalando que «esta maniobra última de Micheletti es un barniz que él confiesa claramente con su posición, él es una mancha para la democracia». «Por eso está queriendo irse una semana, nosotros le pedimos que se vaya para siempre», dijo.

El presidente depuesto expresó que Micheletti ha confesado que «su maniobra de querer fingir que se retira una semana es una maniobra falsa, eso es para engañar a bobos».

«Esta maniobra significa ocultar la verdad de lo que está pasando en Honduras y de querer engañar a toda la comunidad internacional y al pueblo hondureño», acotó.

Zelaya, quien también pidió que las elecciones del 29 de noviembre se pospongan, reiteró que con la actitud que ahora manifiesta Micheletti se legitima su posición de que impugnará las elecciones.

Micheletti comentó que su «decisión podría ser malinterpretada intencionadamente por aquellos que con su conducta errática y su intención de provocar discordia dirán que es un signo de debilidad de mi Gobierno».

«Mi actuación debe interpretarse como un signo de fortaleza y confianza incuestionable en la institucionalidad de nuestro país, la cual queda demostrada con hechos, con realidades, y no con palabrería», apuntó.

Además, el presidente golpista advirtió de que reasumirá «inmediatamente» el poder «si lamentablemente ocurriera un trastorno general del orden y de la seguridad que amenace la paz de la nación y la tranquilidad del pueblo hondureño».

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20091121/167910/es/Zelaya-Para-que-quieren-elegir-presidente-para-que-quite-ejercito/

Fuente: Rebelion.org


11/20/09

Craig Kelly quiere utilizar a Zelaya como idiota util


Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

Hace unos minutos reportaba Luis Galdames, periodista de Radio Globo desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa, que en la reunión anoche entre el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya Rosales y el subsecretario de Estado adjunto para América Latina, Craig Kelly, éste último solicitaba el voto de Honduras en la ONU para condenar a Irán.
El colega Galdames lo reportaba casi como un triunfo diplomático en el sentido que Casa Blanca ve Manuel Zelaya como el presidente legítimo hasta tal grado que quiere que marquen sus votos juntos en la ONU, dando un “vainazo” al jefe del régimen de facto Roberto Micheletti.

¿Pero en que tema votarían juntos, Zelaya y Obama, en la ONU?

Pues nada menos para condenar al gobierno del presidente Mahmoud Ahmadinejad de Irán por violar los derechos humanos en la república persa.

Planeando guerras allá y acá

No es para nadie un secreto que Estados Unidos no solamente adelantan sus posiciones de guerra en América Latina, ahora con siete bases militares en Colombia, de los cuales cuatro están apuntando sus cañones o puertos hacia Venezuela donde existe las reservas petroleras y gas más grandes del mundo, más la octava reserva de agua dulce también. La 4ª Flota patrulla las costas y Pentágono esta planeando reactivar dos nuevas bases militares en Panamá.

La administración de Obama planea también una guerra junto con los sionistas contra Irán. Es que presidente Mahmoud Ahmadinejad no quiere andar en los caminos que ha marcado Casa Blanca. Fue por eso que USAID, NED y otros organismos civiles de la CIA intentaron de crear el ambiente propicio para una revuelta en Irán en las pasadas elecciones. Fue lo mismo que pasó en Nicaragua en noviembre el año pasado en donde los sandinistas arrasaron con la oposición liberal en las elecciones municipales.

Ni en Irán ni en Nicaragua ganó el representante de Estados Unidos.

El presidente Mahmoud Ahmadinejad fue acusado por fraude electoral. Pero, como en Nicaragua, fueron acusaciones sin sustancia en absoluto. No fue entregada ninguna prueba de fraude y el intento de “golpe técnico” falló.

Lo mismo en Nicaragua en donde ni siquiera Eduardo Montealegre se atrevía de estar presente cuando fueron recontados los votos en la elección a la alcaldía de Managua que había exigido el pelele de la embajada estadounidense en Managua. Todavía, más de una año después, esta esperando el Tribunal Superior Electoral las “pruebas” y actas electorales que Montealegre prometió entregar al TSE para “comprobar el fraude”.

Pero si no hay, pues no hay.

De fraude a las acusaciones de “violencia contra oposición”

En Irán desplomaron las acusaciones por las mismas razones, sobre todo por el cubrimiento periodístico que algunos periodistas lograron hacer para así romper la barrera informática que el terrorismo mediático de las grandes agencias noticieros había montado contra el proceso electoral.

Pero no se quedaron quietos los golpistas iraníes, respaldado por las agencias de Craig Kelly; levantaron el montaje que la oposición era violentamente agredida y que el estado iraní violaba los derechos humanos.

Lo mismo en Nicaragua.

¿Y en Honduras?

¿No son suficientes los informes de la Comisión Interamericana de DD.HH. para el Sr. Kelly? ¿O los informes de COFADEH, CIPRODEH, CODEH, etcétera?

Avala las elecciones organizadas por un régimen de facto

Parece que no, por que mientras Kelly y su patrón descalifica las elecciones en Irán y en Nicaragua, avala las elecciones organizadas por un régimen de facto que, según la Resistencia hondureña y los organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, ha violado el 3 artículo de la Constitución hondureña, tomando el poder con las armas como un régimen usurpador.

Pero así es la moral de los gringos.

Por eso a uno le da pena de escuchar la alegría del excelente colega Luis Galdames, creyendo que los gringos va a dar un mano al hombre valiente y consecuente pero preso en una embajada en la capital hondureña cuando, en realidad, Craig Kelly solo quiere utilizar a Zelaya como un idiota útil, o como “ganado de voto”, como decimos en Suecia de personas que son utilizadas en elecciones por sectores o personas descaradas, personas sin vergüenza en el cuerpo y menos en el alma.

“No tienen amigos, solo intereses”

Por que Kelly es el típico y clásico representante de un estado imperialista que “no tienen amigos, solo intereses”, como uno de sus propios presidentes decía, caracterizando la política exterior de Estados Unidos.

Es más, quiere aprovechar la terrible situación en que se encuentra Zelaya, una situación creada por el mismo estado que Kelly representa y llevar su voto en favor a una política de guerra contra Irán en donde los gringos quiere repetir lo que han hecho en Honduras; tumbar el gobierno elegido por el pueblo de Irán para sustituirlo con el pelele de los gringos Hossein Mousavi.

A romper la unidad de ALBA

Para nadie es un secreto que Pentágono logró romper el eslabón más débil del ALBA que era Honduras. Tampoco es un secreto las excelentes relaciones entre el grupo de ALBA con Irán, ambos víctimas por las agresiones imperiales.

La Casa Blanca y los grupos financieros e industriales de Estados Unidos ven con gran preocupación los lazos fortalecidos entre Irán y America Latina, entre China y el continente de Bolívar, Martí, Sandino y de Morazán. Incluso entre Nicaragua e irán se han suscrito muchos convenios comerciales, a Honduras han llegado 90 tractores a los campesinos organizados como donación de Venezuela pero que son de fabricación iraní.

Si Craig Kelly logra de utilizar el voto de Zelaya en la ONU contra Irán será visto no solamente como un triunfo de la política guerrerista de Pentágono contra Irán sino un paso más para romper la unidad entre los miembros del ALBA.

Cinco meses de engaño y manipulación gringa

Es por eso que en vez de jubilar, deberían sentarse Galdames, Eduardo Reina (asesor político de Zelaya en la embajada que se expresó contento también en la entrevista con Galdames) y el propio presidente Zelaya para analizar los casi cinco meses de engaño, manipulación y un total abandono por parte de la administración de Obama a Manuel Zelaya y su “promesa” de respaldar la restitución del presidente Zelaya en la presidencia y preguntarse;

¿Por qué no se ha hecho realidad?

Me imagino que Micheletti y sus asesores se matan de risa ante la maniobra descarada de Craig Kelly contra un hombre valiente, consecuente, noble, honesto pero un poco ingenuo políticamente.
Fuente: Aregenpres.info

11/18/09

Por las víctimas de Ida y los mártires: ¡denuncia, coherencia y honestidad!


Renán Alcides Orellana

Sacude el alma con estrépitos de solidaridad contagiosa cuando una multitud, en perfecto orden y con amor solidario, une su voz clamando “justicia reparadora”, en memoria de quienes ofrendaron sus vidas luchando por el bien común. En el marco de asombro y dolor que padecemos por la furia de la tormenta Ida, la noche del 14 de noviembre con una vigilia multitudinaria se conmemoró el XX Aniversario de los mártires de la UCA.

Los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Martín Baró, Joaquín López y López, Juan Ramón Moreno y Amando López y dos mujeres del personal de servicio: Elba Ramos y su hija Celina, fueron asesinados por el ejército salvadoreño el 16 de noviembre de 1998, durante la ofensiva “Hasta el tope” del FMLN. Ambas realidades de gran impacto a la conciencia social, la fe y la cultura, unificaron ideales hacia proyecciones en pro de la denuncia por la justicia y la lucha contra la impunidad. Lucha franca en todos los campos del quehacer nacional.

En el campo social, unir esfuerzos para resarcir el sufrimiento y las pérdidas de nuestros hermanos, víctimas de la tormenta Ida y su secuela de muerte y destrucción, sin dejar de lado la denuncia y condena por la marginación de que fueron objeto durante gobiernos anteriores, “al habérseles negado las condiciones mínimas para una vida y asentamiento dignos”.

Reflexiones para este y otros desastres anteriores, fueron motivo de aceptación solidaria. Y una elocuente respuesta de agradecimiento y cariño de los salvadoreños para los numerosos visitantes. En el campo político jurídico, fue evidente la demanda de investigación acertada y oportuna para resolver casos emblemáticos como los Jesuitas, Katya Miranda, el sindicalista Gilberto Soto y otros, que demandan “pronta y cumplida justicia”.

“Son casos que importan, no se me van a olvidar”, dijo el congresista estadounidense James P. McGovern, quien “ha venido al país -en el marco del 20 aniversario del asesinato de los jesuitas- para hacer sentir en persona su interés por varios casos” (La Prensa Gráfica, noviembre 14/2009). “Yo creo que la gente quiere ver que las cosas son realmente diferentes cuando se trata de impunidad y corrupción”, dijo Mc Govern. En igual sentido, en la misma edición LPG publica que “La comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) espera la derogación de la Ley de Amnistía de 1993, que prohibe las investigación de crímenes cometidos durante la guerra civil”. Sin ánimo revanchista, únicamente por justicia, el pueblo congregado llamó a la reparación, con coherencia y honestidad.

En el aspecto artístico cultural también se espera el cambio. Trabajo y honestidad, para no desoír la voz de los intelectuales mártires, caídos por su profunda fe en la lucha por la justicia y la libertad. Sacada de contexto, una frase del poeta Alejandro Masís, lo sugirió ese día al plantear: “Desde 1970 el afán de los escritores salvadoreños para organizarse, no ha dado un fruto estable. ¿La razón? Bueno, yo sostengo que lo que desde siempre ha faltado es la discusión, la polémica, el debate…” (Diario Co Latino, noviembre 4/2009). Hay interés por la discusión pública, por no evadir la polémica y el debate sobre temas culturales, con altura y respeto.

Con transparencia y veracidad. Masís es hombre de experiencia, conocedor del pasado reciente, desde el año que él menciona. No más malos recuerdos ni acciones presentes y futuras contra el arte y la cultura, como los desaguisados literarios, suplantaciones y plagios.

Construir actos innobles como estos, no es consecuente con el ideal de los poetas mártires; como no lo es la aprobación y justificación de dichos actos, por el prurito de una amistad o mal entendida solidaridad generacional. Tampoco invocar sacrificios y sufrimientos para justificarlos, como la mejor vía para eliminar una controversia. Contribuir a la omisión de la denuncia de hechos culturales ciertos, también se vuelve evasión nada apreciable. La esperanza de cambio, en esto y más, sigue ahí. La Secretaría de Cultura tiene voces orientadoras en este campo, por capacidad y experiencia, y su lucha desinteresada.

Aquellas voces venidas de todos los rumbos del país y del mundo, clamando y reclamando: ¡denuncia, coherencia y honestidad!, fueron acogidas con aplausos por una multitud ahíta de paz y justicia. Era la expresión de amor solidario con nuestros hermanos muertos por la tragedia de Ida y por los numerosos mártires de la Patria: Monseñor Romero, los Jesuitas y otros sacerdotes, la misioneras Mariknoll, Marianella, Enrique Álvarez Córdova, Manuel Franco, Juan Chacón, Polín Serrano… los poetas Jaime Suárez, Amílcar Colocho, Alfonso Hernández, Lil Milagro Ramírez, Mauricio Vallejo padre, Chema Cuéllar, Roque Dalton, Rigoberto Góngora, Claudia María Jovel, Salvador Silis, Amada Libertad, … y tantos y tantos compatriotas asesinados por sus anhelos y afanes libertarios. ¡La vigilia fue el mejor recordatorio/responso por todos ellos!

Renán Alcides Orellana
Escritor y perioColumnista de Diario Co Latino y Raícesdista
Columnista de Diario Co Latino y Raíces

Fuente: Colatino

11/16/09

EUA vinculó a D´Aubuisson con el asesinato de los jesuitas




















Un cable secreto remitido por el embajador de Estados Unidos en El Salvador en noviembre de 1989 al Departamento de Estado, decía que hubo una reunión de dirigentes del partido Arena en la que posiblemente se originó el complot para matar a los sacerdotes jesuitas. Según el memorando desclasificado, el embajador William Walker creía que el asesinato fue la ejecución de una orden del mayor Roberto d´Aubuisson.

Hace 20 años, cuando la capital salvadoreña estaba asediada por una ofensiva militar de la guerrilla del FMLN, el secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, recibió en Washington un cable procedente de El Salvador. El documento llegaba marginado con dos términos que hablaban sobre lo delicado del asunto: “secret” y “nodis”, y en el espacio “subject” detallaba el asunto del que trataba: “Ellacuria assassination”. La información que trasladaba era tan grave que el remitente se atrevía a vaticinar que para el gobierno estadounidense venían días difíciles.

El memorando, fechado solo “nov 89” y firmado por William Walker, embajador estadounidense en El Salvador, contenía información sobre el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas ocurrido el día 16. En él, lo que Walker contaba a Baker era que tenía información sobre una conspiración de los más extremistas dirigentes del partido Arena para acabar con los religiosos que dirigían la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Hasta entonces, Estados Unidos había sido un firme aliado de los gobiernos salvadoreños que luchaban contra la guerrilla del FMLN desde 1980, y el posible involucramiento de su socio en el teatro de la guerra fría podía poner en aprietos al gobierno de George Bush padre. Por eso el documento tenía las clasificaciones de “secret” y “nodis” (no distribution).

Según Walker -quien no detallaba las fuentes-, un día antes del múltiple asesinato hubo una reunión de los dirigentes del partido Arena en la que se habló sobre los sacerdotes. Después de un sumario de dos párrafos, el cable iba al grano: “La información que se nos ha proporcionado nos conduce a una inquietante conclusión: los asesinatos del padre Ellacuría y sus siete compañeros pueden ser rastreados hasta una discusión la tarde del 15 de noviembre entre Roberto D´Aubuisson y sus seguidores más fanáticos dentro del Coena”.

El documento no precisa quiénes habrán sido los seguidores más fanáticos de D´Aubuisson, pero sí deja claro que Walker consideraba que el fundador del partido tenía que ver con el crimen. “Si la conversación ocurrió como se nos reportó, de entre un grupo de doce participantes, uno o más de ellos decidieron ejecutar la orden implícita del mayor (Roberto d´Aubuisson) de limpiar el nido de subversivos en la UCA. Nosotros y el régimen de Cristiani tendremos tiempos muy difíciles por delante”, vaticinaba el diplomático estadounidense en aquella comunicación.

Estados Unidos, efectivamente, se había convertido durante la guerra en un socio fundamental para el gobierno salvadoreño en su lucha por neutralizar la guerrilla auspiciada por Cuba. Sin embargo, el hecho de que el asesinato de los jesuitas hubiera ocurrido a manos de personal del mismo gobierno respaldado por Washington, ponía en aprietos a la administración Bush, porque el Congreso podía demandar que se cortara la ayuda. En eso pensaba Walker cuando se refería a los tiempos difíciles que vislumbraba, “sobre todo por la enorme amenaza que la participación de los líderes de Arena representa para los esfuerzos realizados por el gobierno de Estados Unidos y el de El Salvador, durante los últimos nueve años”.

El informe de Walker a Baker, de cinco páginas, forma parte de los aproximadamente mil 200 folios desclasificados durante el gobierno de Bill Clinton relacionados con la guerra en El Salvador. Dichos documentos registran las comunicaciones que intercambiaban la embajada de Estados Unidos en El Salvador y Washington, y sobre el asesinato de los sacerdotes jesuitas hay nueve tomos de información.

Walker estaba llamado a convertirse en protagonista de los últimos años de la guerra y de los primeros días de la paz salvadoreña, con una actuación que no pocas veces lo hizo blanco de críticas de los sectores de extrema derecha de El Salvador, que lo consideraban condescendiente con la guerrilla.

Hasta ahora, cuando se ha hablado de posibles autores intelectuales, ha habido dos versiones: una, que se basa en lo que hizo la justicia salvadoreña, y es que solo hubo autores materiales, pues nunca hubo una línea de investigación sobre posibles homicidas intelectuales. La otra es la que registró el informe de la Comisión de la Verdad, en 1993, que involucró a una docena de militares del más alto rango, incluyendo al entonces coronel René Emilio Ponce, quien era jefe del Estado Mayor cuando ocurrieron los crímenes.

En ese documento de 1989, sin embargo, Estados Unidos ya analizaba la posibilidad de que la dirección del partido que por primera vez acababa de ganar la elección presidencial estuviera detrás del asesinato de los seis sacerdotes, de una colaboradora y la hija de esta.

El embajador reconocía que no podía aportar pruebas sobre la vinculación de la cúpula arenera con el asesinato. Sin embargo, sus reiteradas alusiones al posible involucramiento de D´Aubuisson y de la dirección del partido Arena, daban a entender algún grado de convicción. Tanta certeza tenía sobre la veracidad de esa versión que se animó a proponer una acción inmediata: “Debemos asegurarnos de que Fredy Cristiani afronte el asunto. Si lo manejamos bien, y si Cristiani puede superar lo que admito es una prueba muy severa de su coraje político, él y nosotros podríamos salir airosos y fortalecernos respecto de esta variedad particular de extremistas”, apuntó el diplomático.

Esos días eran de intensos cambios en el mundo, porque el sistema que había tejido la Unión Soviética para oponerse a Estados Unidos estaba desmoronándose. La guerra fría estaba a punto de acabar e incluso el apoyo del bloque soviético a la guerrilla del FMLN iba a empezar a decaer paulatinamente. En Estados Unidos, El Salvador había sido una especie de barrera contra el comunismo y, en ese afán, Washington había invertido unos mil millones de dólares en ayuda militar entre 1980 y 1991.

Entonces, lo que menos quería la administración Bush era que un error de último momento volviera a poner las cosas difíciles en su relación con el régimen salvadoreño. El Congreso podría exigir que se suspendiera toda ayuda al país centroamericano y que se le convirtiera en una especie de paria por el crimen de los religiosos. “Si los elementos dentro del mando de su partido son capaces de una acción tan bárbara e increíblemente estúpida y si el origen de esa acción se derivó de la discusión entre un grupo tan importante de conspiradores creo que Cristiani debe saber ya o descubrirá pronto esta terrible verdad”, comentaba Walker sus reflexiones.

El gobierno de Cristiani, apurado, al principio aseguró que un comando del FMLN había sido el responsable de los homicidios, pero con los días, el mundo supo la verdad. Una decena de militares de distinta graduación fue a juicio, aunque las investigaciones nunca apuntaron a buscar a quienes habían planeado u ordenado el asesinato.

El crimen puso en máximos aprietos al régimen, asediado ya por la primera ofensiva militar de la guerrilla en San Salvador y en otras ciudades del país.

Sorprendida, la Fuerza Armada diseñó una serie de operativos de resguardo de las instalaciones militares principales en la capital, como el Estado Mayor. Por eso el coronel René Emilio Ponce reveló a la embajada de Estados Unidos que el 13 de noviembre, el batallón Atlacatl pasó bajo la dirección del Estado Mayor, que estaba en proceso de establecer zonas de operación en repuesta a los ataques de la guerrilla. La comandancia del Atlacatl fue dada al coronel Guillermo Alfredo Benavides el día 14, dos días antes de los asesinatos.

El día 15, la UCA estaba rodeada por más de un centenar de soldados, y dentro de ella estaban el rector, Ignacio Ellacuría, y otros sacerdotes jesuitas. La madrugada del 16 de noviembre de 1989, un comando del ejército penetró y dio muerte a Ellacuría, a otros cinco sacerdotes, a una empleada y a la hija de esta. Los hechores intentaron sembrar pistas falsas para involucrar al FMLN.

Cuando amaneció, el país y el mundo supieron la noticia. Entre ellos, el abogado Mauricio Eduardo Colorado. “Eran las 7:30, poco más o menos, cuando mi hijo se acerca a mí y me dice han matado a los jesuitas. Me fui para el despacho a informarme sobre los hechos. Yo tuve un doble impacto, porque había estudiado en el colegio externado San José, que era de los jesuitas, y mis profesores fueron el padre Montes y el padre López y López”, recuerda quien entonces tenía apenas siete meses de ser fiscal general.

Colorado debió ordenar el inicio de las investigaciones en un ambiente que hacía sumamente difícil su trabajo. Colorado había asumido el cargo en abril de ese año, después de que la guerrilla asesinó a su antecesor, Roberto García Alvarado, cuando le hizo estallar una bomba colocada en el techo de su camioneta blindada.

“Pasaron dos semanas sin que se lograra establecer con claridad una línea de investigación. Había cosas confusas: trataron de borrar pruebas, inducir otras causas. Pero, al final, con un recurso que yo en lo particular no estoy de acuerdo, se logró saber la verdad: se ofreció una recompensa por parte del gobierno con dinero de la embajada norteamericana, si mal no recuerdo. Pero dio resultado porque alguien fue y contó y después se verificó y resultó ser cierto”.

Esas pesquisas no llegaron ni hasta el coronel Ponce ni hasta Cristiani, a pesar de algunas versiones sobre su posible involucramiento. “Yo, en lo personal, pienso que el presidente Cristiani no estaba involucrado, porque de haberlo estado, también lo habría estado el embajador de Estados Unidos y posiblemente el Departamento de Estado de ese país”, dice Colorado.

En septiembre de 1991 se realizó un juicio a 14 militares, pero sólo fueron condenados el coronel Benavides, por la muerte de los seis jesuitas, y el teniente Yusshi Mendoza, por el asesinato de la empleada Elba Ramos y su hija Celina. Los demás imputados fueron absueltos.

El 23 de enero de 1992, el juez Ricardo Zamora condenó al coronel Benavides y al teniente Mendoza a 30 años de cárcel, pero 14 meses después, el 1 de abril de 1993, los dos militares fueron amnistiados y puestos en libertad cuando la Asamblea aprobó una Ley de Amnistía general impulsada por Cristiani.

No conformes con los resultado del juicio y la posterior absolución de los dos condenados, la UCA y el Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA) presentaron una querella criminal contra el ex presidente de El Salvador Alfredo Cristiani y altos militares salvadoreños por encubrimiento, pero la Corte Suprema de Justicia se negó a reabrir el caso. Entonces, en noviembre de 2003, la UCA y el IDHUCA decidieron presentar su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ese juicio significó para Colorado una agria disputa con dos de sus manos derechas en el caso. Aunque considera que los culpables quedaron claramente señalados, admite la posibilidad de un vacío en la posible red de involucrados en el múltiple homicidio. “En la parte política de las cosas siempre hay aquello de que a lo mejor hay alguien más”, dice.

Y tras eso querían ir Henry Campos y Sidney Blanco, fiscales específicos que estaban en desacuerdo con la forma en que Colorado manejaba el caso. Ellos fueron los que, “en la parte política de las cosas” creían que había más personas involucradas.

Pero se toparon con sus jefes. “Los fiscales generales que conocieron en esa época del caso no solo no tenían interés por esclarecer a profundidad el hecho, sino que además tenían interés en contribuir a los límites que habían impuesto con obstaculizar e impedir cualquier ulterior investigación a otras responsabilidades arriba del coronel Benavides”, asegura Sidney Blanco, hoy magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

Las diferencias de criterio eran tan profundas que Colorado llegó a pedirle a Blanco y a Campos que se tranquilizaran, que no se tomaran tan a pecho su trabajo, pues en aquella atmósfera de suma tensión era mejor no asomar mucho la cabeza. “El doctor prácticamente amenazaba a los fiscales con que no insistiéramos en la investigación. Nos decía: Miren, los acusados son coroneles y estos no perdonan. Estos no olvidan. No son pollos a los que están acusando. Son coroneles. Yo les pido que se mantengan al margen y que dejen al juez hacer lo que él quiera.”

Colorado insiste en que él lo único que intentaba era salvaguardar la integridad de sus fiscales. “No sabíamos quién era, pero el que había hecho la cosa era un hombre o era un grupo decidido a cualquier cosa. Yo sentía la responsabilidad de proteger a mi equipo de fiscales y les pedía que fueran discretos y que no fueran a exponerse. Eso es lo que ellos sentían que era como que yo no los dejaba actuar”.

Blanco y Campos estaban seguros de que Colorado no solo no tenía interés en profundizar en las investigaciones, sino que además mantenía un tipo de comunicación inadecuada con los militares, esos mismos que eran potenciales imputados. “El doctor llegaba a veces vestido de militar camuflado a la Fiscalía, con ametralladora. Se bajaba como dos cuadras antes de la oficina y como una persona con delirio de persecución andaba con una ametralladora apuntando a nada. Era un espectáculo. Salíamos a la puerta de la Fiscalía a verlo, porque era gracioso verlo aparecer. Ese era el fiscal de los militares y además a este señor se le vio participando de las defensas civiles patrióticas. Era la clase de fiscal general que había”, lamenta Blanco.

Colorado hoy trabaja como privado. En su oficina, en una pared, tiene como adorno un arma de fuego antigua. No niega su afición con las armas de fuego, pero aclara que la anécdota que recuerda Blanco tenía que ver con su sensación de inseguridad personal de aquellos días, sobre todo después de la muerte de García Alvarado. “Una vez llegué camuflado. Una vez. Cuando estaba la ofensiva final. Y no llegaba con un fusil, era una metralleta. Era la guerra, había que defenderse”, dice.

Y cuando Colorado les sugirió que se limitaran a hacer solo lo que el juez Zamora pidiera, los fiscales específicos supieron que no saldrían de nada. El descontento de los fiscales también era con el juez, cuyo trabajo criticaban. “El juez Zamora se convirtió en un juez soberbio y sumiso”, dice Blanco. “Soberbio, porque estaba aferrado en conducir la investigación en los límites impuestos y de ahí no podía sacarlo nadie. Era su meta, era su misión. Y sumiso, porque no vi en él la figura del juez ideal, independiente, transparente, imparcial...”

Zamora admite que esos días eran difíciles para realizar su trabajo, pero que, en todo caso, se trataba de limitaciones y no de irregularidades en el desempeño de su labor.

Esa era la situación que afrontaban los funcionarios destinados a averiguar responsabilidades materiales e intelectuales en la muerte de los jesuitas, cuando se acercó una fecha de esperanza: Mauricio Eduardo Colorado estaba por terminar su período y había que ver quién lo relevaba. En abril de 1990, Roberto Mendoza Jerez se hizo cargo de la Fiscalía. No pasó mucho tiempo para que Blanco y Campos se desencantaran y perdieran las esperanzas de que las cosas iban a mejorar con el nuevo fiscal. “Él llegó, incluso, a prohibirnos, expresamente, asistir a ciertas diligencias, a presentar escritos al juicio, a dar declaraciones a la prensa. Incluso intentó separararnos a Henry y a mí porque decía que nos dábamos apoyo mutuo para estar en el caso”, relata el magistrado.

El extremo se produjo cuando hubo una serie de diligencias fundamentales a las que ni siquiera se les invitó a participar, a pesar de que eran los investigadores principales. “Y qué decir cuando declaraban algunos jefes militares, cuado declaró el jefe de la comisión de hechos delictivos y obviamente cuando declaró el presidente Cristiani, que ni siquiera nos notificaron para que estuviéramos presentes”, lamenta Sidney Blanco.

La declaración de Cristiani a la que no fueron invitados los fiscales ocurrió el viernes 7 de septiembre de 1990, en la oficina del juez cuarto de lo penal Ricardo Zamora, y el embajador Walker estaba muy pendiente de eso. “Cristiani no incluyó importantes revelaciones” en su declaración, informó el diplomático en un cable enviado a Washington.

Cansados de luchar contra corriente, el 9 de enero de 1991, Sidney Blanco y Henry Campos convocaron a una conferencia de prensa internacional para anunciar su renuncia como fiscales del caso jesuitas. Campos explicó su decisión en términos similares a los que ahora recuerda Blanco: “Nosotros creímos en un inicio que la Fiscalía General haría en este caso tan delicado el papel que realmente le corresponde, el papel que la Constitución le obliga a desempeñar en un caso de tanta trascendencia. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que el interés de la Fiscalía, como institución, se había desviado a otros caminos... se nos comenzaron a cerrar espacios... incluso habíamos aceptado algunas limitaciones con tal de que se nos dejara colaborar o aportar algún esfuerzo... pero se nos limitaron las libertades para intervenir...”

Colorado atribuye la actitud de los fiscales a su novatez, cree que fueron impulsivos y que solo buscaban sobresalir para hacerse fama de buenos abogados penalistas.

Fama o no, Blanco se siente estafado por cómo ocurrieron las cosas. “Nos vieron la cara de tontos: los testigos mentían sistemáticamente, el Estado Mayor no colaboró eficazmente en la investigación, no proporcionó oportunamente la información. Los famosos libros de registros de la Escuela Militar se terminaron quemando...”

Esos libros de los que habla Blanco pudieron haber dado un giro radical a las investigaciones. La embajada de Estados Unidos en San Salvador y el Departamento de Estado lo percibían de esa manera, a juzgar por lo que les había dicho el juez Zamora. “En un conversación reciente, el juez Zamora relató que la primera vez que supo de la existencia de ciertos libros de registros de la Academia Militar fue por boca del teniente Yusshi Mendoza, uno de los sospechosos en el asesinato de los jesuitas. Mendoza testificó que él recibió órdenes del teniente coronel Camilo Hernández, entonces subdirector de la Escuela Militar, de quemar los libros una noche a principios de diciembre de 1989, a la medianoche. 16 libros fueron intencionalmente quemados, pero Zamora no sabía y había pedido una lista precisando lo que se había perdido. Él cree que los libros perdidos incluyen registros de traslados, registros de personal y registros de los movimientos del personal”.

Las investigaciones de los asesinatos nunca apuntaron a ampliar la esfera de involucrados más allá de los autores materiales. Cuando Walker informaba en noviembre de 2009 a James Baker del posible involucramiento de la dirección del partido Arena, lo hacía convencido de que era una terrible noticia, pero también que de eso podía sacarse algo positivo para depurar a su aliado salvadoreño.

El embajador cifraba sus esperanzas en un Cristiani aún novato en la presidencia, que se apoyaba en un partido comandado entonces por Armando Calderón Sol. “No puedo imaginarlo (a Cristiani) reaccionando sino con repugnancia cuando supo la muerte de Ellacuría”, decía el diplomático, quien no dejaba dudas sobre su convicción de la participación de dirigentes areneros en los crímenes. “Me reuniré de inmediato con el presidente y le diré que ha llegado el momento en que él escoja entre sus aliados políticos que están en contra de la democracia y aquellos que quieren construir un sistema democrático. Le diré al presidente que él y su gobierno pueden y deben, de una vez por todas, separarse de los responsables de esta barbarie.”

Walker aseguró a sus superiores que había casi plena certeza de la participación del partido de derechas en los homicidios. “Hay evidencia circunstancial corroborable de la complicidad del ala de derecha política (en los crímenes”, dijo. “Solo tengo una duda como para pedir una acción inmediata: la carencia de información más concreta sobre quiénes estaban en la reunión, quiénes pudieron haber ejecutado las instrucciones y cuál fue el mecanismo que se utilizó”, reseñó.

Al final, los crímenes terminaron en nada. Porque los dos únicos condenados como autores materiales quedaron perdonados por la Ley de amnistía de 1993, y porque nunca se indagó a los responsables intelectuales.

La historia, sin embargo, no ha terminado. En noviembre de 2008 fue presentada ante la Audiencia Nacional de España una querella contra 12 militares salvadoreños -incluido Ponce- y el ex presidente Cristiani por el asesinato de los jesuitas y las dos mujeres que murieron con ellos. A los militares se les acusa de haber participado en crímenes de lesa humanidad y al ex presidente Cristiani de encubrimiento.

Un año después, este mes, la Audiencia Nacional conocerá los testimonios de los dos ex fiscales del caso, Henry Campos y Sidney Blanco. La Audiencia Nacional también ha pedido el testimonio de Kate Doyle y Terry Karl. La primera para hablar sobre la autenticidad de los documentos desclasificados por el Departamento de Estado de Estados Unidos y la segunda para aportar una interpretación política de la guerra de El Salvador. Al juez que estuvo a cargo del juicio, Ricardo Zamora, también se le ha solicitado su testimonio, según el periódico La Vanguardia, de España.

También se llamó a testificar al ex fiscal general Belisario Artiga, al coronel Sigifredo Ochoa Pérez y al mayor Erick Buckland, del ejército de Estados Unidos, quien fue al parecer la primera fuente estadounidense en enterarse del involucramiento de militares salvadoreños en el crimen.

Según Almudena Bernabéu, una de las abogadas encargadas de presentar la querella en España, el ex presidente Alfredo Cristiani sigue siendo parte de esta querella como uno de los acusados. El juez de la causa se ha reservado la posibilidad de imputarlo más adelante, dependiendo de cómo se desarrolle el proceso. “Imputarlo significa incluirlo como querellado en el proceso y por lo tanto sujeto a los derechos como a la investigación”, asegura.

Hasta ahora ninguno de los emplazados ha nombrado a sus abogados.

Fuente: El faro.net

11/14/09

CARTA PRESIDENTE JOSE MANUEL ZELAYA ROSALES AL PRESIDENTE OBAMA


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PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA

Del Escritorio de Señor Presidente

Tegucigalpa, 14 de Noviembre de 2009


S. E.
BARACK OBAMA
PRESIDENTE EEUU
Washington D. C.

Estimado Presidente Obama:

Cuando nos reunimos por primera vez el 8 de julio con la Secretaria de Estado Clinton después del Golpe de Estado se dejo claro ante mi y ante el mundo la posición de la administración Obama de condenar el Golpe de Estado, desconocer sus autoridades y exigir el retorno del estado de derecho con la restitución, al cargo de Presidente electo por el pueblo. La posición oficial de su gobierno y sus representantes que patrocinaron y firmaron las resoluciones de la ONU, OEA. En el que el tercer punto exige mi restitución inmediata y segura.


A partir del 28 de junio de 2009 mi secuestro por los militares y destierro a Costa Rica. El Congreso de la República emitió un decreto ilegal donde ordena “Separar al ciudadano José Manuel Zelaya del cargo de Presidente Constitucional de la República” sin facultades constitucionales para hacerlo, y sin el debido procesos sin ser citado a ningún juicio.

Desde la primera reunión con la secretaria Hillary Clinton me propusieron la mediación del Presidente de Costa Rica Oscar Arias a pesar de que considero que es contraproducente dialogar con personas que tienen un arma en sus manos, acepte considerando el auspicio de EE.UU y de la comunidad internacional.

En un comunicado de fecha 04 de septiembre del presente ano la Secretaria de Estado Hillary Clinton expresaba a lo siguiente: "La conclusión positiva del proceso iniciado por Arias sería la base adecuada para proceder con una elección legítima"

De todos es conocido que el Régimen de Facto sin la visita a Honduras del sub. Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, Daniel Restrepo y Craig Kelly no hubieran firmado el Acuerdo. Todos sabemos por que se rompió el acuerdo, Tegucigalpa – San José.


El propio Presidente Oscar Arias en aras de la verdad declaro que: “Micheletti nunca tuvo voluntad de colaborar y que por el contrario se estaba burlando de la comunidad internacional y sólo buscaba dilatar el tiempo para nunca entregar el poder a quien corresponde”.

El Ex Presidente Ricardo Lagos, miembro prominente de la Comisión Internacional de Verificación en sus declaraciones confirmo esto, al manifestar: “El Señor Micheletti lo rompió”, “Micheletti hizo cosas que no debía haber hecho como decir yo formare un gobierno de unidad sin Zelaya” lo que hizo fracasar este acuerdo negociado.

El propio día en que se instalaba en Tegucigalpa la Comisión de Verificación, del acuerdo sorprendieron las declaraciones, de funcionarios del Departamento de Estado donde modifican su posición e interpretan el acuerdo unilateralmente con las declaraciones siguientes “…las elecciones serían reconocidas por Estados Unidos con o sin restitución…”; El régimen de facto celebro este cambio y utilizaron estas declaraciones para sus objetivos, e inmediatamente terminaron por incumplir y violar el Acuerdo.


Por lo anteriormente expuesto nos manifestamos de la siguiente manera:

  • Que el Acuerdo Tegucigalpa-San José queda sin valor ni efecto por incumplimiento unilateral del gobierno de facto. Este fue concebido para implementarse en forma integral y simultánea; pues no se contemplaron como doce acuerdos separados, fue un solo acuerdo con doce puntos el cual tenía un solo propósito, restaurar el orden democrático y la paz social, y con esto se revirtiera el golpe de estado, lo que implica el seguro retorno del Presidente de República elegido legítimamente por voto popular. Y con esto, propiciar un clima de reconciliación nacional y un siguiente proceso electoral constitucional, limpio, con garantías de participación igualitaria y libre para todos los ciudadanos de Honduras.
  • Que las próximas elecciones se debían desarrollar en un marco de legalidad y respaldo internacional especialmente de la OEA y NNUU y que fuera de esas condiciones políticas y de derechos ciudadanos mínimos para garantizar un resultado apegado a la libertad y a la transparencia.

En esto, quiero anotar que la nueva posición de los funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos esquiva el objetivo inicial del diálogo de San José, relegando un acuerdo con el Gobierno legítimamente reconocido hacia un segundo plano, y tratando de trasladar este acuerdo hacia un nuevo proceso electoral sin importar las condiciones en que se desarrolle. Entre otras, con recursos públicos están siendo autorizados por funcionarios públicos no reconocidos legalmente e imputados a un documento de Presupuesto que no ha sido autorizado por Presidente legítimamente reconocido.


En estas condiciones, este proceso, y por lo tanto sus resultados serán sujetos de impugnación y no reconocimiento; lo cual pone en grave riesgo la estabilidad futura de las relaciones entre Honduras y el resto de naciones que reconozcan sus resultados.


Como lo ha señalado el Secretario General de la OEA José Miguel Insulza, no existe un ambiente político, para elecciones, como lo ha observado y apuntado la Congresista Norteamericana Jane Sharkorky en su visita a Honduras, se observa un ambiente comprobado de violación a los derechos humanos en Honduras.


El 6 de noviembre pasado, hemos comunicado nuestra negativa a continuar con el dialogo falso, y por lo tanto al expirarse el plazo el texto constituye letra muerta que pierde vigencia, porque un acuerdo se cumple en tiempo y forma, la violación de este por el régimen de facto es para nosotros la condición que determina que el acuerdo dejo de existir.


Indudablemente se perdió tiempo precioso en este intento fallido.

La elección presidencial esta actualmente prevista para la última semana de noviembre. En este caso, como Presidente Constitucional de Honduras, y como ciudadano que representa y fue elegido por voto democrático del pueblo de Honduras, me veo en la obligación de informar que bajo estas condiciones no podemos respaldarla y procederemos a impugnarlo legalmente en nombre de millares de hondureños y de cientos de candidatos que sienten que esta competencia es desigual y no se presentan las condiciones de participación en libertad.

  • En Honduras por la represión a que hoy está sometido el pueblo Hondureño, donde no se respeta ni la más alta autoridad el Presidente de la Republica, donde no se ha considerado que en tres años logré los mejores indicadores económicos y la más grande reducción de la pobreza de los 28 años de vida democrática, donde fui derrocado por la fuerza de las armas, nunca fui sometido a un juicio ni al proceso debido y tengo hoy 24 acusaciones y ordenes de captura por narcotráfico corrupción y terrorismo entre otros, y donde la mayor parte de los Ministros de mi gabinete son objeto de persecución política y se encuentran huyendo del régimen en diferentes partes de América.
  • 3500 personas detenidas en cien días, mas de 600 personas heridas y golpeadas en los hospitales, mas de un centenar de asesinatos y una incontable cantidad de personas sometidas a torturas cometidas contra ciudadanos que se atreven a oponerse y manifestar sus ideas, de libertad y justicia, en manifestaciones pacificas, todo esto convierten las elecciones de noviembre en un ejercicio anti-democrático por estado de ilegitimidad, por la incertidumbre y la intimidación militar, para grandes sectores de nuestro pueblo.
  • Realizar elecciones, en las que el Presidente electo por el pueblo de Honduras, a quien reconoce su Gobierno y la Comunidad Internacional, está prisionero, rodeado por militares en la sede diplomática de Brasil, y un Presidente de Facto, que impusieron los militares, rodeado por los poderosos en el palacio de gobierno, será una vergüenza histórica para Honduras y una infamia para los pueblos Democráticos de América.
  • Este proceso electoral es ilegal porque oculta el golpe de estado militar, y el estado de facto en que vive Honduras no brinda garantías de igualdad y libertad en la participación ciudadana, a todos los Hondureños, es una maniobra electoral antidemocrática repudiada por grandes sectores del pueblo para encubrir los autores materiales e intelectuales del Golpe de Estado.
  • Las Elecciones son un proceso no son solo un día donde se va elegir, es un debate, es exposición de ideas es igualdad de oportunidades.
  • En mi condición de Presidente electo por el pueblo Hondureño, reafirmo mi decisión que a partir de esta fecha cualquiera que fuera el caso, YO NO ACEPTO, ningún acuerdo de retorno a la presidencia, para encubrir el golpe de estado, que sabemos que tiene un impacto directo por la represión militar sobre los derechos humanos de las habitantes de nuestro país.

Sr. Presidente.
En la Cumbre de Países del Continente Americano celebrada en Trinidad y Tobago a principios de este año, donde estuve presente Usted manifestó “Que dejáramos de acusar a Estados Unidos por lo que hizo en el pasado en el continente y que viéramos hacia el futuro”. El futuro que hoy nos muestran al alterar su posición en el caso de Honduras y favorecer así la intervención abusiva de las castas militares en la vida cívica de nuestro Estado, (causa histórica del atraso y estancamiento de nuestros países en el siglo XX) No es mas que el ocaso de la libertad y un desprecio a la dignidad humana, es una nueva guerra contra los procesos de reformas sociales y democráticas tan necesarios en Honduras.


Presidente Obama.


Cada vez que se derroca un Gobierno legítimamente electo en América la violencia y el terrorismo nos gana una batalla y la Democracia sufre una derrota.


Todavía Nos resistimos a creer que este golpe de estado militar en ejecución en Honduras, es ya el nuevo, terrorismo de estado del siglo XXI. Y será el futuro para América latina que nos habló en Trinidad y Tobago

Estamos firmes decididos a luchar por nuestra democracia sin ocultar la verdad y cuando un pueblo se decide a luchar pacíficamente por sus ideas, no hay arma, no hay ejército ni maniobra capaz de detenerlo.


En espera de su pronta respuesta, le reitero mi más alta consideración,


JOSE MANUEL ZELAYA ROSALES
Presidente de Honduras

Fuente: voselsoberano.com

El control de pandillas en relación El Salvador-Estados Unidos

Por: Sonja Wolf (*)


MEXICO DF


- Con una cantidad de miembros que oscila entre 100000 y 140000, la Mara Salvatrucha (ms o ms-13) y la Calle 18 (Dieciocho) constituyen las pandillas callejeras más grandes en el norte de Centroamérica y en la comunidad inmigrante centroamericana de Estados Unidos. La expansión geográfica de estos grupos y su creciente participación criminal han llevado a funcionarios públicos, periodistas y analistas de seguridad a caracterizarlas como pandillas transnacionales que han mutado en bandas del crimen organizado. Su presunta asociación con el tráfico de drogas, de armas y de personas, y la preocupación de Estados Unidos de que las pandillas pudieran introducir a terroristas en su territorio, favorecieron el reciente aumento en la cooperación transnacional antipandillas.

El presente trabajo constituye una aproximación a la cooperación antipandillas entre El Salvador y Estados Unidos, países que han mostrado más interés en impulsar intervenciones regionales. Se sostiene que la cooperación antipandillas entre ambos países no refleja la naturaleza de la amenaza del pandillaje, sino que obedece a intereses políticos mutuos. Estados Unidos busca deshacerse de un problema de cosecha propia a través de las deportaciones y de mecanismos dirigidos a prevenir el reingreso ilegal de los pandilleros deportados. El gobierno de El Salvador, por su parte, ha aprovechado estos programas para demostrar su compromiso con la disminución de un problema que en realidad no ha estado dispuesto a resolver.



LAS PANDILAS CALLEJERAS: UNA MIRADA HISTORICA


Estados Unidos cuenta con una larga historia de pandillas callejeras que se remonta al siglo xix. A lo largo de los años, estos grupos surgieron principalmente en comunidades de minorías étnicas y de bajos ingresos, cuyos miembros se enfrentaron a inadecuadas condiciones de vida y a la discriminación que les impidieron conseguir oportunidades educativas y un empleo mejor remunerado.


La mayoría de salvadoreños que viajaron hacia el Norte durante los ochenta, huyendo del conflicto armado interno, eran migrantes indocumentados. Atrapados en un barrio carente de instalaciones recreativas, plagado de crimen y de actividad de las pandillas, estas familias no sólo lucharon por superar el trauma de la guerra, sino también se enfrentaron a un shock cultural, a barreras del idioma, a la discriminación, al hacinamiento y a empleos mal pagados. Como respuesta a circunstancias personales difíciles y al hostigamiento de las pandillas, algunos jóvenes salvadoreños entraron en los grupos existentes, particularmente a la Dieciocho, o crearon su propia pandilla, la ms-13. A lo largo de los años, el número de miembros de ambos grupos aumentó, y hoy en día mantienen una presencia en más de cuarenta estados.


Nacionalmente, Estados Unidos ha preferido la represión de las pandillas a la prevención y rehabilitación para acabar con la violencia de estos grupos. Por otra parte, las autoridades estadounidenses entienden las deportaciones como un mecanismo para solucionar un problema considerado como importado por los inmigrantes. Sin embargo, esta posición ha contribuido a difundir la cultura de las pandillas en la región y a crear un círculo vicioso que invita al reingreso ilegal de los deportados.


En El Salvador, las pandillas aparecieron por primera vez en los años setenta, pero fueron eclipsadas por la violencia política que estaba arrasando al país. Algunas de estas bandas se sumaron al proceso de desmovilización y reinserción de los combatientes. Otros grupos se disolvieron y los demás fueron acogidos por la ms-13 y la Dieciocho, cuya cultura y antagonismo se acentuaron en el país centroamericano con las prácticas de deportación. Ambos grupos establecieron una presencia visible en las zonas metropolitanas marginales. Muchos de sus miembros se han visto involucrados en robos, homicidios, extorsiones y venta de drogas. La disposición de estos jóvenes de recurrir a la violencia crea un ambiente amenazante en estas áreas y una sensación de aprensión en la sociedad en general. Desde hace mucho tiempo, los residentes de los barrios populares habían señalado una creciente presencia de pandillas en sus comunidades. Sin embargo, las autoridades tardaron muchos años en desarrollar una estrategia coherente de control.


MANO DURA: LAS LIMITACIONES DEL POULISMO PUNITIVO


En julio de 2003, el entonces presidente salvadoreño Francisco Flores lanzó el Plan Mano Dura. En los meses siguientes, y en medio de mucha propaganda mediática, las autoridades emprendieron la limpieza de grafitis, pelotones policíaco-militares patrullaron las calles, y la Policía Nacional Civil (pnc) realizó barridas y detenciones masivas de supuestos pandilleros. Una medida legislativa temporal, la Ley Antimaras, criminalizó la pertenencia a una pandilla y permitió a la policía detener a cualquiera que considerara pandillero a partir de sus rasgos físicos, como los tatuajes o la vestimenta. Tanto el momento escogido para el lanzamiento del plan como su contexto político indicaron que se trató de un populismo punitivo dirigido a mejorar la imagen electoral del partido oficial -la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (arena)- y no de una estrategia diseñada para reducir la violencia de las pandillas.


La medida resultó muy atractiva para una población que vivía con miedo constante de victimización y fue uno de los motivos de la victoria presidencial de la derecha en 2004. Sin embargo, las fuertes críticas del plan (particularmente las violaciones de derechos humanos y de las normas constitucionales que implicó), junto con la liberación de la mayoría de los pandilleros detenidos arbitrariamente, obligaron al presidente entrante Antonio Saca a adoptar una política revisada. El nuevo mandatario optó por seguir otro discurso e incorporar en su llamado Plan Súper Mano Dura dos programas oficialmente dirigidos a la prevención y rehabilitación de las pandillas. En la práctica, estos ejes alternativos recibieron pocos recursos y tuvieron un alcance limitado.


Mientras las medidas alternativas se produjeron con un considerable retraso, las autoridades siguieron con su enfoque represivo. Es evidente que el gobierno de Saca careció de la voluntad política para afrontar un problema que afecta principalmente a las comunidades marginales; se requiere una política que, en general, alivie el grave problema de la exclusión social y, por lo tanto, mine los intereses de los grupos hegemónicos del país. Medidos en términos de detenciones, los resultados de los planes (Súper) Mano Dura fueron impresionantes. Sin embargo, en todos los demás sentidos, estas medidas fracasaron de manera espectacular. A mediados de 2006, el Plan Súper Mano Dura se había convertido en una carga política y fue silenciosamente reemplazado por un enfoque policial basado en la investigación de las pandillas como estructuras del crimen organizado y el encarcelamiento de sus líderes. Lo único que lograron dichos planes, mediante la represión indiscriminada y la concentración de las pandillas en las mismas penitenciarías, fue el aumento de la cohesión interna y la participación criminal de estos grupos. No obstante este legado, el enfoque represivo siguió no sólo a escala nacional, sino también desde una perspectiva transnacional.


LA COOPERACIÓN TRANSNACIONAL ANTIPANDILLAS: ¿UNA SOLUCIÓN EN BÚSQUEDA DE UN PROBLEMA?


En 2005, cuando el Plan Súper Mano Dura estaba en plena marcha, se dieron los primeros pasos hacia la cooperación antipandillas entre El Salvador y Estados Unidos. Según versiones oficiales, la expansión de la ms-13 y la Dieciocho en Estados Unidos y Centroamérica, sus contactos transfronterizos mediante la tecnología de comunicación y sus flujos migratorios regionales implican que estos grupos se han convertido en pandillas callejeras transnacionales. Sin embargo, aunque se ha constatado la existencia de algunas conexiones transnacionales, éstas son esporádicas y no tienen carácter institucional. Además, las instancias oficiales sostienen que ambos grupos se han convertido en una nueva forma de crimen organizado, según lo demuestran una estructura más estrecha, el uso de armamento pesado y la participación en el tráfico de drogas, de armas y de personas, así como las extorsiones y el sicariato. Sin embargo, aunque las actividades ilegales forman parte de la identidad de las pandillas, no hay pruebas de que la ms-13 y la Dieciocho tengan el tipo de miembros maduros y profesionales con habilidades organizativas, un liderazgo bien definido, roles grupales especializados y relaciones con instituciones legítimas del mundo empresarial y estatal que caracterizan al crimen organizado. Algunos pandilleros o “clicas” se convirtieron en soldados del crimen organizado, particularmente de los carteles de droga, pero éstas no parecen ser las pautas dominantes. A pesar de su dudosa naturaleza, la argumentación oficial alimenta las iniciativas de cooperación en materia de pandillas callejeras.


Actualmente existen cinco programas principales e incluyen una conferencia antipandillas, anualmente organizada por la PNC de El Salvador; los esfuerzos antipandillas dirigidos por la Oficina Federal de Investigaciones (fbi), tanto en Estados Unidos como en El Salvador; la Academia Internacional para la Aplicación de la Ley (ilea, por sus siglas en inglés) que ofrece un programa de capacitación antipandillas, entre otros; y el Centro Antipandillas Transnacional (CAT). Los proyectos mencionados comparten un fuerte énfasis en el establecimiento de contactos policiales y el intercambio de información. Quedan fuera la prevención y la rehabilitación de pandillas, pero también ponen de manifiesto otras limitaciones, particularmente un énfasis en la exagerada dimensión transnacional de las pandillas y un enfoque de crimen organizado.


El quinto y más reciente proyecto lo constituye la Iniciativa Mérida, el mayor paquete de ayuda estadounidense para el hemisferio occidental después del Plan Colombia. Anunciado en 2007, este plan de 3 años busca frenar el narcotráfico en México y la violencia de las pandillas en Centroamérica, mediante la provisión de equipo, la capacitación y la asistencia técnica. Es significativo que la Iniciativa Mérida se base en la idea de que las naciones participantes tienen una responsabilidad compartida para problemas compartidos. Sin embargo, se pueden identificar por lo menos cuatro limitaciones de este proyecto. Primero, no parece que Estados Unidos esté asumiendo su responsabilidad en materia de pandillas callejeras. En vez de aliviar el problema de las pandillas en su territorio y lanzar medidas que complementen las deportaciones y ayuden a El Salvador en la reinserción de los pandilleros deportados, Estados Unidos parece esperar que El Salvador acabe con un problema que este país por sí solo no puede resolver. Segundo, la asistencia técnica se hace eco del tipo de ayuda que Estados Unidos proporcionaba en el pasado, es decir, la provisión de equipo y la capacitación a unidades policiales abusivas y corruptas. Tercero, aunque la Iniciativa Mérida dedica una cantidad limitada a la prevención y rehabilitación, no ofrece ningún incentivo para que el gobierno de El Salvador adopte una política alternativa que sea de carácter estatal y no dependa de la cooperación internacional. Cuarto, se trata de una medida temporal que no insta al país destinatario a desarrollar una estrategia antipandillas de largo plazo.


La naturaleza y el alcance de la cooperación transnacional antipandillas sugieren que ésta responde a intereses políticos mutuos, lo que permite que Estados Unidos disminuya el reingreso ilegal de los pandilleros deportados (y un esperado aumento en actividades de pandillaje) y que El Salvador defina la reciente proliferación de iniciativas en su territorio como señal de su profesionalismo y de su compromiso con la lucha contra las pandillas. Sin embargo, estas medidas dejan de potenciar el control de estos grupos. La adopción y la ejecución de una política efectiva de pandillas sigue siendo un reto pendiente.


(*) Investigadora sobre violencia pandilleril y colaboradora de ContraPunto

Fuente: Contrapunto

11/13/09

Honduras: el imperio contraataca


Atilio Borón
La crisis hondureña finalmente se resolvió “por el lado malo”: la consolidación del régimen golpista y la institucionalización de las ilegítimas elecciones que tendrán lugar el próximo 29 de Noviembre. Ya la Casa Blanca ha declarado que los resultados del comicio serán admitidos como válidos lográndose así la normalización de la vida democrática y poniendo fin al “interinato” de Micheletti, eufemismo con el que desde un principio Washington caracterizó al golpe de Estado de la oligarquía hondureña. De este modo las groseras violaciones a los derechos humanos y los atropellos a las libertades democráticas que signaron toda la campaña electoral serán condenados al olvido. Este penoso desenlace había sido anticipado por diversos representantes de la derecha republicana, que impuso como una de sus condiciones para ratificar la designación de Arturo Valenzuela como Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos el pleno reconocimiento de unas elecciones que por sus insanables anomalías deberían ser declaradas nulas de nulidad absoluta. Tal como lo reportara Página/12 en su edición del 7 de Noviembre, el senador republicano por Carolina del Sur, Jim DeMint, retiró su veto a la candidatura de Valenzuela porque, según se encargó de comunicar a los medios, “la secretaria de Estado Hillary Clinton y el subsecretario, Thomas Shannon, me han garantizado que Estados Unidos reconocerá el resultado de las elecciones hondureñas, haya sido restituido o no Manuel Zelaya”.

Esta resolución de la crisis tiene un significado que excede con creces la política hondureña: marca el inicio de una nueva etapa, por cierto que involutiva, en la cual Estados Unidos retoma su tradicional política de apoyo a los golpes militares y a los regímenes autoritarios afines con los intereses imperiales y ratifica el carácter hipócrita y vacío de la retórica democrática permanentemente enunciada por Washington. Conviene aprender la lección: de ahora en más, democrático vuelve a ser todo régimen que se somete incondicionalmente a los designios norteamericanos; autoritario, populista o despótico será aquel que defienda su independencia y autodeterminación. Uribe y Calderón son demócratas, no importa si el primero viola flagrantemente los derechos humanos, mantiene estrechas relaciones con los narcos y los paramilitares y sabotea sin cesar los posibles acuerdos de paz y el canje humanitario que necesita Colombia para lograr su pacificación; o que el segundo despida de la noche a la mañana a 46.000 trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y promueva una demencial militarización de la vida política mexicana. Chávez, Correa y Morales, en cambio, son populistas y autoritarios, peligrosos para sus vecinos, porque promueven diversas reformas sociales y siembran las semillas de la discordia en sus respectivos países. Aquí aparece una vez más la vetusta y falsa teoría conservadora que concibe a la lucha de clases no como producto de las contradicciones sociales inherentes al capitalismo, sino como la obra de un agente perverso que, dotado de inmensos poderes, introduce el virus del odio y el conflicto en sociedades que antes de su nefasta aparición sobresalían por la armonía de sus relaciones sociales.

Ante esta penosa retrogresión de la política exterior norteamericana son muchos los analistas y estudiosos de la realidad internacional que plantean la tesis de que la victoria de los golpistas hondureños expresa la declinación de la hegemonía norteamericana. A partir de esta constatación se termina por inocentizar a Barack Obama porque, supuestamente, pese a sus esfuerzos no pudo encaminar la crisis en Honduras hacia una resolución compatible con la institucionalidad democrática. ¿Hasta que punto es sustentable esta interpretación?

Hay dos cuestiones que deben ser examinadas: por un lado, la progresiva pérdida de capacidad hegemónica de Estados Unidos en la región. Por el otro, las iniciativas concretas tomadas por la Casa Blanca en el marco de la crisis hondureña. En relación con la primera, es preciso reconocer que si bien la superpotencia se enfrenta a una disminución de su capacidad de dominación y control sobre el sistema internacional, así como su gravitación económica global, no es menos cierto que esta tendencia no se traslada linealmente a América Latina y el Caribe. No sería temeraria, sino mucho más próxima a la verdad la hipótesis que dijera que ante una declinación relativa del imperio en la arena mundial aquél se aferra con más fuerza a lo que sus estrategas militares y diplomáticos consideran su patio trasero y su incuestionable entorno de seguridad territorial. No por nada esta región del mundo fue la destinataria de la primera concepción que la joven república norteamericana elaboró en materia de política exterior: la doctrina Monroe. Por lo tanto, la declinación global no necesariamente significa un deterioro equivalente en su capacidad de controlar su tradicional “zona de influencia”. Es indudable que el predominio que Estados Unidos tenía antes sobre sus vecinos al sur del río Bravo se ha debilitado; pero aún así está lejos de haber desaparecido. Y esto nos conduce al análisis del segundo aspecto señalado más arriba.

En efecto, ¿actuó Obama con todas sus fuerzas para resolver la crisis hondureña en una dirección coherente con los imperativos de la democracia y los derechos humanos? Definitivamente no. Sus iniciativas fueron vacilantes, expresión de las dos líneas que se disputan la formulación de su política exterior. Una, reaccionaria hasta la médula y profundamente influida por las necesidades y las estrategias del complejo militar-industrial y que encuentra en Hillary Clinton su más encumbrada vocera y, otra, mucho más difusa y dispersa, que desearía establecer relaciones más respetuosas con los países del área aún cuando esto no implique abandonar la presunción hegemónica del pasado, sino tan sólo un cierto aggiornamento de la misma y que encuentra su principal representante en el propio Obama. En esta pugna el presidente se vio claramente superado por sus rivales que, desde el principio, fueron capaces de imponer su estrategia en relación con la crisis desatada en Honduras.

Cabría preguntarse si esta interpretación no presta validez a la tesis declinacionista. De ninguna manera. Lo que sí queda claro es que Obama tiene un control apenas marginal del aparato estatal norteamericano. Sería por lo tanto más correcto decir que fue el ocupante de la Casa Blanca quien no pudo elegir otro rumbo, pero no Estados Unidos como potencia imperial. En otras palabras, se impone una vez más distinguir entre el “gobierno permanente” de ese país y su “gobierno aparente”, el que se simboliza en la figura del presidente. El problema es que el vaciamiento de la democracia estadounidense, un proceso que se ha venido desenvolviendo a lo largo del último medio siglo, hace que la figura presidencial tenga muy acotados sus márgenes de autonomía para intentar –en el hipotético caso de que así lo deseara- llevar a cabo una política contraria a los intereses del “gobierno permanente”, ese nefasto entramado de grandes oligopolios y sus lobbies, fuerzas armadas, políticos profesionales y grandes medios de comunicación que, como dijera Gore Vidal, mantiene secuestrada a la sociedad norteamericana.

Para resumir: la hipótesis de la declinación hegemónica queda desmentida cuando se observa que, a pesar de dicho debilitamiento, Washington se las ingenia para firmar un tratado de cooperación militar con Colombia que, como lo recordara el Comandante Fidel Castro Ruz días pasados en una de sus “Reflexiones”, equivale a una práctica anexión de ese país sudamericano a Estados Unidos. Si algo demuestra esta iniciativa es la formidable capacidad de presión, dominación y control que, pese a su debilitamiento, aún conserva el imperio. Es esa misma capacidad la que lo llevó a sacar rápidamente de la escena negociadora en Tegucigalpa al Secretario General de la OEA (cuyos planteamientos eran totalmente inaceptables para los golpistas) para sustituirlo con un viejo peón de la política estadounidense, Oscar Arias. Es esa misma capacidad la que lo lleva a sostener contra viento y marea el criminal bloqueo a Cuba, pese a que en la Asamblea General de la ONU esa política fue condenada por 187 de los 192 países que la integran, y defendida sólo por tres: Estados Unidos, su estado cliente Israel y la isla de Palau (20.000 habitantes), según la CIA un polígono de tiro de la Armada norteamericana en la Micronesia. O la que le permite prestar oídos sordos al reclamo universal de indultar a los cinco luchadores antiterroristas cubanos sometidos a inhumanas condiciones de detención en Estados Unidos gracias a una escandalosa burla al debido proceso; o mantener una infame prisión, violatoria de todos los derechos humanos, en la Base Naval de Guantánamo.

Si Obama hubiera demostrado la misma determinación para exigir la inmediata restitución de Zelaya en la presidencia otra habría sido la historia. Y tenía instrumentos a manos para hacerlo: podría haber decretado el transitorio bloqueo de las remesas de los inmigrantes hondureños residentes en Estados Unidos; o instruido a las empresas norteamericanas radicadas en Honduras que preparasen planes para su eventual evacuación; o congelado los fondos de los políticos del régimen y de la oligarquía depositados en bancos norteamericanos; o embargar sus fastuosas propiedades en la Florida. Son gestos para nada inéditos; casi todos ellos fueron utilizados por George W. Bush para frustrar la segura victoria de Schafik Handal, candidato del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, en las elecciones del 2004 en El Salvador. ¿Por qué no se intentó algo similar en esta ocasión? Respuesta: porque la política del “gobierno permanente” de Estados Unidos dispuso otra cosa y el inquilino de la Casa Blanca se inclinó ante esa decisión.

Conclusión: no es que Estados Unidos no pudo modificar el resultado de la crisis hondureña sino que, más allá de las preferencias de Obama, la clase dominante norteamericana y sus representantes políticos en el aparato estatal no quisieron que fuera otro el desenlace de este conflicto, aún a sabiendas de las funestas implicaciones que esta decisión tendrá para la paz y la estabilidad política ese país centroamericano. En línea con la desorbitada militarización de la política hemisférica promovida desde los años de George W. Bush –y de la cual las siete bases concedidas por Uribe son apenas la punta del iceberg- el “gobierno permanente” de Estados Unidos optó por sostener a los golpistas en vez de apostar a la reconstrucción de la democracia. No se trató de una cuestión de incapacidad, sino de una elección estratégica concebida para reordenar manu militari el tumultuoso patio trasero del imperio en Centroamérica y para lanzar una ominosa señal de advertencia a los gobiernos de izquierda y progresistas de la región.
Fuente: Rebelion

11/11/09

La Resistencia continua


Ahora que el golpe de estado de Honduras ha sido consolidado con la descarada intervencion de los EE.UU en el pais centroamericano al pueblo catracho no le queda mas que luchar hasta que saque del gobierno a los grupos de poder que siempre tendran su retaguardia en el pais del norte.

La leccion que le debe quedar al Presidente Zelaya es que no se debe poner la otra mejia y negociar con la escoria de esos grupos que compraron a la cupula militar que no es mas que un grupo de dlicuentes como ellos, que siempre trataran de mantener al pueblo Hondureño como una hacienda personal y una base perpetua del imperio.


Pero no todo es tragico, por el otro lado de la moneda el presidente Zelaya demostro a la comunidad internacional que si es posible sacar al tercer pais mas pobre de latinoamerica del hambre y la miseria en que lo han tenido la oligarquia agroexpotadora, que no son mas que un grupo de extranjeros de segunda generacion, que no les importa el sufrimiento de los mestizos que son la mayoria de la poblacion.


El presidente Manuel Zelaya tuvo el atrevimiento de enfrentarse al gran capital dandole precios comodos de gasolina a la poblacion enfrentando a la industria poderosa de hidrocarburos que opera desde el norte, ademas les aumento el sueldo a los trabajadores enfureciendo a la oligarquia pitiyanqui y las compañias bananeras.

Pero ahora el pueblo Hondureño abrio los ojos, ahora sabe que es posible vivir en un mundo sin miseria, ahora saben que con la union es posible derrotar a un regimen que los ha explotado mas de cien años y con esta experiencia tragica que han vivido los ultimos cuatro meses, ya cuentan con los paises progresistas del mundo que se solidarizan con su causa.

Fosforito

11/9/09

El diario El País se inventa un “golpe” y una “conspiración sofisticada” de Chávez en El Salvador

09 de noviembre 2009. - El diario el El País se hizo eco a principios de este mes de declaraciones del presidente del derechista partido Arena, de El Salvador, y de un dirigente del Partido Demócrata Cristiano bajo el titular ”La derecha salvadoreña culpa a Hugo Chávez de su crisis actual. Sus líderes acusan a Venezuela de lanzar una conspiración sofisticada” (1)

Así, escribían “(…) han culpado a Venezuela y a su presidente, Hugo Chávez, de lanzar una "conspiración sofisticada" en El Salvador, que se consolidó recientemente en un "golpe" para arrebatar a la derecha la hegemonía legislativa de que disfrutó durante más de 20 años (…)”

Lo cierto es que el “golpe” al que se refieren en este diario no fue otra cosa que las elecciones presidenciales en El salvador, que tuvieron lugar el 15 de Marzo de 2009 y que terminaron con 20 años de hegemonía del Arena, que gobernaba desde 1989. El resultado de estas elecciones fue el siguiente (2);

-Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) - 1,354,000 - 51.32%

-Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) - 1,284,588 - 48.68%

Dos meses antes, las elecciones al congreso habían arrojado los siguientes resultados (3);

En la información, el periódico de Prisa no hace referencia a ninguno de estos dos procesos electorales, pero además reproduce graves acusaciones de estos dirigentes sin cotejarlas y sin que existan pruebas o indicios que las respalden;

“(…)Ni Cristiani ni Parker dan pruebas, pero ambos coinciden en señalar que, con los "dineros" entregados por Chávez a líderes del partido ahora en el poder, el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), se están "comprando" voluntades de diputados para modificar la aritmética en el Legislativo a favor del FMLN. Cristiani dijo tener pruebas de que se ha llegado a ofrecer hasta 700.000 dólares a algunos legisladores (…)”

Es decir, “dice tener pruebas” -lo que para El País parece ser suficiente para difundir esta información- pero en ningún momento se aportan tales pruebas.

En el siguiente párrafo, para remarcar el anterior, se menciona la división del partido conservador y su colaboración con el gobierno: “(…) A mediados de octubre, Arena, que tenía 32 parlamentarios, sufrió una división en sus filas: 12 de ellos decidieron edificar una casa aparte y formaron la Gran Alianza de Unidad Nacional (Gana). El FMLN, a través de arduas negociaciones, logró que tres miembros de Gana llegaran a la Junta Directiva (…)”, pero El País omite que ya, desde la derrota del ARENA, se hablaba de facciones enfrentadas en un proceso de reestructuración de dicho partido (4), y que las causas de la división son bien distintas;

“(…)Hace una semana, doce diputados de ARENA, entre ellos Guillermo Gallegos, Miguel Ahues, Mario Tenorio, se rebelaron contra la cúpula del partido de derecha por haberlos marginado de la dirección del COENA (…) Cardenal [quién fue candidato por ARENA a la alcaldía capitalina] indicó que la posición de los diputados reside en recobrar una cuota de poder que perdieron cuando se renovó la dirigencia del ahora principal partido de oposición (…)” (5)

No se habla de que el diputado que encabeza a los rebeldes del ARENA, Guillermo Gallegos, denunció el mes pasado, durante el programa de entrevista “Pensando en Voz Alta” que transmite el canal 21, precisamente que grupos de areneros intentan comprar a algunos de los diputados disidentes, en un intento por aislar a los rebeldes del resto del partido;

“(…) Disidentes denunciarán sobornos

El diputado de ARENA y parte del grupo de disidentes, Guillermo Gallegos, denunció esta mañana durante una entrevista televisiva, una serie de sobornos hacia el grupo.

“No nos identificamos con otros movimientos”, enfatizó Gallegos, al tiempo que anunció que demandarían a las personas por intentos de sobornos. (…)” (5) (6)

Con los datos ofrecidos, tenemos que los dirigentes del partido que ha controlado El Salvador durante 20 años -o miembros de ese partido- fueron acusados el mes pasado de intentar sobornar a los disidentes del Arena y estos días, para defenderse de tales acusaciones, atacan al FMLN culpándolo (sin pruebas ni indicios) de recibir “dineros” de Chávez para hacer exactamente lo mismo de lo que se les acusaba a ellos.

Fuente: Aporrea.org

11/8/09

El imcumplimiento fue de Micheleti


Tegucigalpa
El ex presidente chileno, Ricardo Lagos, en entrevista a CNN en Español, responsabilizó al presidente interino, Roberto Micheletti, de incumplir el acuerdo Tegucigalpa-San José, firmado el 30 de octubre anterior.


La entrevista se realizó ayer vía telefónica, por medio de la cual también lamentó la ruptura del proceso decretada por el derrocado presidente, Manuel Zelaya Rosales.


Lagos junto con la secretaria de Trabajo de Estados Unidos, Hilda Solís, fueron designados por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el gobierno de Barack Obama, como miembros de la Comisión de Verificación del acuerdo.


“Es muy lamentable lo que ha ocurrido”, dijo, tras recordar que cuando estuvo en el país con el resto de miembros “empezamos a trabajar en el punto uno de formar e instalar un gobierno y gabinete de unidad nacional que fuera del resultado de los dos sectores”.

Cuando se le preguntó sobre quién debe encabezar el gabinete de reconciliación, respondió que “la lógica de este acuerdo es que cuando fuera eventualmente instaurado como presidente Zelaya Rosales, como lo que es, hubiera un gabinete de unidad nacional”.

Dejó claro que hubo incluso mala intención y engaños a la comisión por parte de Micheletti. “Cuando nos reunimos con el señor Micheletti y dijo lo que estaba haciendo (convocar al gabinete) le dijimos que eso no era lo acordado y que no lo podía hacer”.

INCUMPLIMIENTO

Añadió que “nos parece que hubo una falta de cumplimiento cuando él (Micheletti) por su cuenta empezó a enviar cartas pidiendo que le enviaran nóminas de personas y al mismo señor Zelaya. Eso no era el acuerdo y dentro de la Comisión de Verificación le pedimos a Arturo Corrales y Jorge Arturo Reina que empezaran a trabajar en un eventual gabinete nacional”.


Siguió relatando que Corrales le entregó una lista a título personal de 24 personalidades que según me indicó estaba seguro iban a ser respetadas por todos, pero cuando estábamos en eso nos damos cuenta que éste señor (Micheletti) anuncia que seguirá adelante con su idea.

Lo que este señor hace es pedir la renuncia, entre comillas, a su gabinete y decir que hará un gabinete de unidad nacional, y eso no dice el acuerdo”.
Arturo Corrales es representante de Micheletti en la Comisión de Verificación del acuerdo y Jorge Arturo Reina de Zelaya Rosales.
Fuente: Tiempo